SELECCIÓN DE MIS HISTORIAS


 
 

 
 
 
 
 
Nada
 
Nada también se acaba
Nada también desaparece
Nada o todo podría desvanecerse ahora mismo
Los sonidos cuidan las hadas
Algo, todo, nada...

Aroma a vainilla
Noche estrellada
Surcos en el corazón
Tembloroso de emoción inesperada
Y al otro lado: algo, todo, nada...
 
 
 
Momentos irracionales
 
 
Buscando un sitio

Al despertar descubro que sigo sin ser, aunque vivo, y en este resurgir de la vida me pregunto en que momento dejé de existir casi sin darme cuenta. De repente, descubrí que había mundo fuera, detrás de mí, mas no me pertenecía. Tenía que volverme a mirar despacio, pues el vértigo era grande y temblaban mis sentidos.
 
 

Tiempo real

Todos los días sin saber cuales son. Todo vuela, tan aprisa que apenas pueden dibujarse siluetas claras en mi mente. Pero no me quejo, las quejas nunca fueron buenas.
El aire nos lleva, el viento nos arrastra, pero, ¿y la reflexión?, ¿dónde quedó el por qué que nos instaba caminar despacio?


Esperanza frágil
¿Será que no existen ríos celestes ni verdes prados?, ¿será que no existe la eterna sonrisa? ¿Estaremos hechos para vivir en continuo temblor? Quizá sea yo, que se me metió el miedo. Al menos me siento entera, aunque no sirva de nada; y siento mi hada, aunque a veces no me escucha ni me mira.


SimbiosisSi no me encuentro, ¿qué hago?, decía mi yo. Si descubro algo nuevo me lo cuento, pero ¿y si no descubro nada? No se que se hace frente a los momentos de tensa quietud. Supongo que esperar, pero a qué. Abro mi cabeza, saco trastos viejos e intento reciclar algunos e incluir otros nuevos. Luego miro como ha quedado, y la sigo viendo igual que antes. Si pudiese moverla de alguna manera, cambiar de algún modo su composición. Creo que no es posible (pienso bajito, a modo de susurro).

Ahora que ya sé que no se puede, ahí vienen otros, intentando transformarla. No lo entiendo. ¿Es que no se han dado cuenta de que no es realizable? Si la cambian deja de ser, y si deja de ser deja de existir. ¿Por qué insisten?

Será que le buscan un sitio, en tiempo real, donde la esperanza es frágil.

Tras larga espera, llega una voluntad distinta, y la observa, no con ánimo de mutación sino de comprenderla.


-FIN-
 
 
 
 
Corazón sensible
 
 
Búsqueda de la felicidad
Buscando en las almas perdidas encuentro miedo. En las satisfechas inseguridad. Al ahondar en los insaciables descubro el egoísmo y el egocentrismo existenciales. Mientras tanto, un reloj no deja de sonar (tic-tac) y aún atendiendo al deseo de que deje de molestarme no puedo pararlo.

La felicidad existe, lo sé. Muchos la alcanzan y otros cuantos la mantienen. ¿Pero qué hacen aquellos a los que se les escapa? El amor tiene la culpa, cuando no basta, o cuando a pesar de estar alimentado no crece ni se dilata.
Condicionamiento del sentimiento y el deseo
El deseo nos hace esclavos, nos debilita y nos desarma. Las noches son más oscuras cuando los deseos no se sacian.

Una luz tenue alumbra mi soledad mientras camino por senderos desconocidos. Sentimientos profundos me invaden y adormecen. Me pierdo en la búsqueda de mi sensatez.

Los sentimientos nos arrastran a todos, y el deseo nos desata. A veces nos enseñan a dominar a ambos, y en ocasiones conseguimos hacerlo tan bien que nos olvidamos de nosotros mismos.

Habrá que soltar tensión. Habrá que navegar despacio, sin abandonarnos en las aguas de la vida, que nos desbordan. Hay momentos en los que me masajean la espalda y otros en los que me golpean fuertemente. Menos mal que no me hundo, que sigo a flote sobre la fuerte marea, que me combate y entristece.


Aceptación del hombre

Para ayudar al mundo y a nosotros mismos, habremos de partir de la aceptación del ser de las personas. La perfección quedó vacía. El hombre hizo la máquina, pero la máquina no hizo un hombre a su semejanza, por lo que en plena deshumanización el hombre sigue siendo humano.

¿Qué pasó? Pues no sé nada, tan sólo que falta esa luz al final del túnel, esos ojos que brillan e iluminan la oscuridad profunda.

Adormecido bajo la luna, está el sentimiento infinito, tras el cual me seguiré equivocando, aquí callado, porque aunque quisiera no puedo hablarlo. Mis frases se elaboran a favor de la mitigación de mi dolor, pero no según dictan mis sentimientos, ya que cuando los escucho me impulsan hacia un pozo oscuro en el cual me va consumiendo el agua.


Sombras de amor

Llevabas muerta cinco días en mi mente. Para mí, habías dejado de existir. Te habías atrevido a indagar en mi alma, a abrirte un sitio en mi corazón, y todo, para dejarme destapado bajo la helada del invierno. Sin embargo, resucitaste al sexto día, al cruzar el parque en el que mientras caminábamos me cogías la mano provocándome un suave cosquilleo con tus dedos. Me senté junto al arroyo a dejar pasar el tiempo, y cuando parecía, sin más remedio, que ibas a desvanecerte de nuevo, te descubrí radiante acariciando otra mano. Entonces comencé a entenderlo todo, y la angustia cerró mis ojos durante algún tiempo.
 
 
 
 
Reencuentro eterno
 
 
Se hallaba demacrado, allí, tan apacible y con olor a moho. Respiraba lentamente saboreando el aire libre, cálido y dulce como azúcar quemada. Su viejo gabán arrastraba en torno a aquella plaza. Ropa polvorienta y zapatos resquebrajados, paisaje verde con lirios morados y piedras y mármoles grises asomando desperdigados como almas perdidas.
Envolvente y súbita oscuridad, castillo de muebles al fondo con brillantes cascadas de polvo. Gotas de agua en los ventanales desnudos con vistas carbonadas y sin brillo. Piel tersa y color canela, esmeraldas en los ojos y lisa melena negra acariciando sus hombros. Delgada, esbelta,... Él, al verla, fijó su mirada en ella durante unos segundos. Comenzaron a abrazarse. Qué sensación más viva para ellos unir piel con piel encadenados. Besos, caricias..., ahí estaban, igual que antes. Aquella casa se había vuelto oscura, triste, sombría y vieja por el tiempo transcurrido; pero daba igual, la guerra había terminado y el reencuentro desprendía su propia lluvia de luz resplandeciente.
Cuánto hubiésemos vivido juntos, cuánto nos hubiésemos querido, si no fuese porque estamos muertos.
 
 
 
 
Algo
 
 
Mir se alejaba. Sí, lo estaba observando, y cada vez lo veía más lejos. Había salido por la puerta de una casita blanca sin tejado. Veréis, eh...; él estaba dentro de aquella casa, se acercó a la puerta lentamente y decidió salir. Yo lo vi. Me encontraba allí delante. Al principio no parecía tenerlo muy claro, le temblaba la mano cada vez que intentaba acercarla al pomo de la puerta. Pero, finalmente... Irguió la figura, y, más tieso que un palo, sin mover un solo pié, puso su mano junto al pomo y lo giró; luego estiró el brazo para llegar a abrir la puerta al máximo sin menear el resto del cuerpo.
Le sacudió la cara una ola de aire caliente y frío, pero se dijo: “Tengo que intentarlo”. Salió de un salto y aterrizó en el caminito de tejas rojas que conducía hasta la verja. Lo recorrió de puntillas muy muy despacio para no resbalar, y ya no pude ver nada más. Fue en aquel mismo instante cuando empecé a ver tan raro, o a no ver. La verdad es que no sé ya que pensar.

El caso es que la puerta se quedó abierta, eso seguro. Sé que intentó cerrarla al salir, pero no se cerró. Quizá se dio cuenta y volvió a cerrarla recorriendo de nuevo el caminito en sentido contrario, pero no creo. De ser así supongo que le hubiese visto. Aunque como no sé si veo...

Yo me siento en el suelo bajo el marco de la puerta abierta de aquella casa blanca sin tejado mirando hacia el exterior; flexiono mis piernas y las rodeo con mis brazos. Y entonces veo, únicamente, en todo mi ángulo de visión, un cuadrado plano y liso dividido verticalmente en dos partes iguales. La mitad izquierda es verde claro y la mitad derecha verde oscuro, casi negro. Ese es el paisaje que percibo. Bueno, sí, y... unas manchas blancas redondas dispersas sobre los dos verdes un poco en relieve. Probablemente fuesen nieve. Y no puedo ver ninguna otra cosa. Si giro la cabeza y miro hacia cualquier otro lado, por ejemplo del interior de la casa, no veo nada, absolutamente nada. Así que acabo siempre dirigiendo la mirada hacia el exterior otra vez para continuar mi visión del cuadrado.

¡Uf! Creo que la temperatura aquí cada vez es mas baja. Noto más y más frío calando mis huesos.

Parece que el verde claro se reduce a favor del oscuro. Cada vez es más estrecho, el claro digo; y el oscuro cada vez más ancho, e incluso me atrevería a decir que más oscuro.

...
¡Mira, mira, mira! ¿Ves? Pero si ya me parecía a mí. Cada vez menos claro y más y más oscuro, cada vez menos claro y más y más oscuro, cada vez menos claro y mucho más oscuro... Ifff-iff-if; tic tac, tic tac, tic... Ifff-iff-if; tic tac, tic tac, tic... Ifff-iff-if; tic tac, tic tac, tic... Ifff- f- f- f …


Al llegar Mir a la verja, mira hacia atrás y ve que la puerta se ha quedado abierta. Entonces, decide retroceder de nuevo hasta allí para cerrarla.
 
 
 
 
Abismo 
 
 
¡Ey!, ¿qué ha pasado? ¿Se apagó la luz? ¿Por qué está todo negro? De repente no veo nada. No se distinguen figuras ni siluetas. ¿Es esto un túnel oscuro?
A ver, eh... Recapitulemos. ¿Qué estaba haciendo yo antes de que se volviese todo negro? Uy, pues..., no me acuerdo. Estaré soñando, supongo.

Qué raro, se oye una música. ¿De dónde vendrá? Creo que viene de allí. A ver, voy a andar despacito hacia el lugar de su procedencia.
¡Jajajajaja! Pero si no puedo andar, me faltan las dos piernas. Qué desastre.

...
¡Ay! ¡Qué bien! De pronto se iluminó todo con luz de color añil. Ya puedo ver algo. Umumum... ¡Sí! Por ahí viene rodando una pierna. Uf, haber si logro alcanzarla. Ummmmm, sí, ya está. Ya la tengo. Vaya, tiene varias heridas; pero bueno, tendrá que valer. Me la coloco, sí, así..., eso es. Esperaré a que pase otra.

Qué lugar tan extraño. Suelo de arena y transparentes paredes y techo infinitos.
Al menos ahora puedo ver algo.

¡Por fin! Ahí viene otra pierna. ¡Bien! La atrapé. Espero encajarla correctamente y poder caminar con ella, parece que tiene una zona de carne podrida.
Bueno, ahora que tengo las dos voy a intentar levantarme.
¡Arriba!
Caminaré en dirección a esa música. Un... ... ... dos, un... ... dos, un... dos, un dos’s’s’... ... ...

Qué pena no poder sentir la arena bajo los pies.
A partir de aquí, parece estar reemplazada por agua. Podría introducirme en ella. Total, no voy a notar nada.
Venga. Primero una y después la otra: plaf... ... ... plaf... ... plaf’f’f’...
Gluk, gluk; gluk, gluk ; gluk, gluk…: El agua me va cubriendo. Primero hasta las rodillas, luego sube hasta la cintura, llega a la altura del pecho, sube hasta mi cuello; y... ... ... ¡PINK!, grita una voz. ¡Pink!

Pink soy yo. Y de repente, quedo entero cubierto por el agua añil.

En medio del silencio, voy sumiéndome en un profundo sueño. Más tarde, y sin ninguna noción del tiempo, comienzo a oír bajo las olas tambores a lo lejos: Pon... ... ... pon... ... pon...
Uhuhuh, uhuhuh; uh- uh, uh...- uh; ufff: Una corriente me impulsa y me sube a flote, quedando tumbado en la superficie fluida mirando a la luna con forma de plátano.
Súbitamente, a mi alrededor, surgen desde las aguas múltiples metralletas dispuestas en círculo que me rodean. Son lo único que queda. La humanidad se ha extinguido. Las bombas, las guerras. Ni siquiera hay jefes, ni tan siquiera queda miseria, aquellas cosas que parecían eternas.
Yo, solo, observando una gran nube de humo oscuro y un plátano gris plateado al fondo intentando traspasar.
 
 
 
 
Maga
 
 
No sabe que la observo desde lejos, todavía orgulloso: al menos, para las mujeres, tiene mejor gusto que para los regalos de cumpleaños. Realmente, creo que siempre quiso buscarme una novia. Cuando era pequeña, siempre intentaba que quedase con alguna maestra soltera del colegio, con las madres divorciadas de sus compañeras de clase, etc. Pero he de decir que no le salieron bien los intentos.

Fue ya en su segundo año de carrera cuando me preparó aquella cita a ciegas sin yo saberlo. Ella había invitado a Carla, una profesora de la universidad, a cenar en casa. Me dijo: “No te preocupes papá, no te molestaremos demasiado, después de la cena nos vamos por ahí.” Ella sabía que me incomodaba tener gente extraña en casa, sin embargo estaba acostumbrado a que trajese de vez en cuando a alguien.

Esa noche, nada más empezar a cenar dijo que le había entrado un fuerte dolor de cabeza. “No os preocupéis”, decía. “Continuad cenando vosotros”, acabó diciendo antes de retirarse a su habitación. Y fue esa noche de intensa lujuria junto a Carla, cuando sentí que volvía a enamorarme.

Hoy es mi cumpleaños, y Maga me ha regalado un cactus.
 
 
 
 
Pegando los pies al suelo
 
 
Estremecida, seguí a mi sombra bajo la completa oscuridad por el pasillo de mi casa. La cocina estaba al final. Ella pasaba más tiempo en la cocina que en ninguna otra parte. Yo sabía que a esa hora solía tender. Me ponía junto a ella con los pies descalzos y la sujetaba por las rodillas con fuerza mientras colgaba la colada. Al terminar volvía a mi dormitorio, rezaba un rato e intentaba volver a conciliar el sueño. Aquella noche hacía frío y el cielo estaba cubierto, podía observarlo mientras la agarraba.

A las 7 de la mañana, aún a medio amanecer, me despertó un vocerío procedente de la sala. Sonaron varios golpes y tras un fuerte portazo volvió la calma. Seguí durmiendo una hora más. Al levantarme de la cama me dirigí a la cocina y me preparé el desayuno: leche con cacao y crujientes galletas para mojar. Había amanecido una mañana hermosa, las nubes habían despejado el cielo y había salido el sol. Mamá estaba arreglándose en su habitación para ir al trabajo. Le di un beso antes de salir para el colegio.

Al regresar a casa encontré la comida junto al microondas y la cocina limpia y recogida. En la sala, la mesa estaba puesta: un mantel de cuadros rojos y azules, una servilleta de papel, cubiertos, un vaso vacío, pan y el frutero. Calenté la comida, cogí una botella de agua mineral y las llevé a la mesa. Después de comer recogí todo y fui a la habitación de mi madre, tenía costumbre de dormir allí la siesta cuando no estaba. Pero... abrí la puerta de su dormitorio y la encontré tumbada en la cama. Estaba completamente tapada, tan sólo asomaba un poco más de media cabeza. La observé unos instantes preguntándome que hacía en casa. Retiré las sábanas un poco de su cuerpo y descubrí su mejilla y su cuello llenos de moratones. Volví a taparla y decidí marcharme a mi cuarto para dejarla dormir.

Mi padre llegó del trabajo sobre las ocho. Entró en mi habitación a darme un beso, y luego se sentó en el sofá de la sala a ver una película de acción mientras bebía una caña y comía avellanas. Mi madre, que hacía poco rato se había despertado, se acercó a él y le dijo cabrón, entonces él le dijo puta, y ella comenzó a llorar y se marchó a la cocina. Yo oía desde mi habitación como lloraba sin parar, así que fui a consolarla. Me dijo que volviese a mi dormitorio y la dejase en paz. Yo la abracé y le dije que se calmara, pero se puso aún peor y, de repente, se desvaneció en mis brazos sin llegar a perder el conocimiento. Apenas pude sujetarla, pero la tumbé en el suelo con su cabeza sobre mis rodillas gritándole que se tranquilizara. Pataleaba fuertemente contra el suelo. Luego paró de llorar y se calmó. La ayudé a ponerse en pie y continuó haciendo tareas en la cocina como si nada hubiese ocurrido. Sobre las 23.30 cesó de hacer labores domésticas y se sentó en el sofá junto a mi padre. Yo estaba en mi dormitorio en fase ya de conciliar el sueño, pero no podía dormir. Comenzaron a hablar en voz baja, casi susurrando, pero el volumen de sus voces fue en aumento como en un progresivo crescendo. Gritos y ¡plaf!, ¡plaf!, ¡plaf!... Se oían cristales rotos por toda la casa. Para terminar un último chillido estrepitoso de mi madre. Salí de mi dormitorio como un torbellino y le dije a mi padre que dejara de tirar cosas al suelo, empujé a mi madre por la cintura hasta mi cama y la acosté. Ella gritaba incesantemente: “Me voy a tirar por la ventana, cualquier día me tiro”. Yo me fui a dormir al sofá tras conseguir que se quedase dormida. Cerré los ojos, y comencé a pensar en el chico del colegio que me gustaba.
 
 
 
 
Ella
 
 
Lalá-lalá, lalá-lalá, lalá-laláaa, laleroo-laralaa, laráaa...
Jajajajaja... Uhuhhh...
Mi bailarina de ballet. En este sueño me he transformado en ella. Puedo verme. Piel blanca y tersa, el tutú y las zapatillas rosas, las medias blancas, el pelo estirado hacia atrás y enroscado en forma de moño. Tinnn, tiro-rirora-rirora-rihhh... ¡Mis pies bailan, resbalan divertidos, y me hacen girar en esta inmensa pista de hielo que es la vida! Uhuhhh... Jajajajaja...

El suelo es suave, translúcido, y brillante; y grandes focos deslumbrantes iluminan toda la pista.
De repente, las luces se apagan, quedando todo oscuro. Espero quieta y tiesa en el centro.
Otras bailarinas y bailarines envueltos en ropa de seda blanca comienzan a surgir a mi alrededor desde el subsuelo, por parejas y a ritmo escalonado. Conforme van rompiendo con sus cabezas las láminas de hielo y van subiendo a la superficie para participar del plácido baile, van siendo iluminados por los focos, que inundan de luz sus salidas triunfales y sus posteriores hermosas piruetas escurridizas en torno a mí.
Mientras tanto, yo sigo quieta y oscurecida; hasta que, sin esperarlo, un nuevo foco se enciende y me ilumina. Entonces, comienzo a danzar de nuevo enloquecida.

Después de varios minutos de gozo, las parejas de bailarines comienzan a ser absorbidas de nuevo por el hielo y desaparecen una a una en las profundidades, poco a poco y otra vez escalonadamente. Al igual que los focos, que van apagándose uno a uno tras desaparecer sus respectivas parejas enfocadas.
Vuelvo a quedar yo, que, además, continuo estando iluminada. Y, aunque un poco lánguida y triste por mi repentina vuelta a la soledad, sigo en movimiento, ahora más lento y retraído.

Transcurrido un corto tiempo, desde lo más profundo de los hielos, emerge un arlequín que deslizándose por la pista, con sus manos tras su espalda, se me acerca.

Tinnn, tiro-rirora-rirora-rihhh...

Continuando con sus manos ocultas tras de si, se inclina ante mí como seña de fiel saludo, y comienza a incorporarse poco a poco al tiempo que va mostrando lentamente su puño derecho cerrado. Una vez erguido y con su brazo derecho extendido, abre su mano y... ¡Vuuu...! ¡Vua! Crece de ella un enorme globo con gruesas rayas dibujadas a modo de arco iris.
Me lo ofrece. Lo apoyo en el suelo y lo rodeo con mis brazos, dejando reposar mi barbilla en su superficie y dibujando en mi rostro un amable gesto de agradecimiento, sin dejar de sonreír.

Serena, quieta, observo al arlequín; que da un chasquido y se disuelve, transformándose en un montón de minúsculas estrellitas de cristal de diferentes tonos de azul que quedan amontonadas sobre la base sólida y congelada. Yo, absorta, sigo sujeta al globo gigante, como si fuese parte de mi propio cuerpo. Luego, sin despegarme de la enorme bola, dirijo mi mirada temblorosa hacia donde la luz se acaba, hacia allí, hacia las oscuras gradas. Entonces, vislumbro el contorno de una bella silueta, y la descubro a ella, a Anna.

Ssss sss ss s… El globo se desinfla.




Descomposición


En ocasiones, nos masajean la espalda
Otras veces, nos es golpeada fuertemente
Pero siempre seguimos a flote frente a fuerte marea

Corazón que se fortalece ante todo desencanto,
es más difícil dañarlo
Corazón que no se reblandece,
es corazón muerto y persona viva

El mundo se ha roto
Habrá que repararlo
 
 
 
 
 
 
 
 

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